SILVINA SCHEINER REDACCION CORPORATIVA

¿Hay otra cosa que no sea el word?

12 Diciembre 2009 · Dejar un comentario

Para los que se aburrieron del word, existe algo que se llama Scrivener para Mac (28 euros). El maestro y aspirante a novelista Keith Blount creó esta aplicación en 2004. “Descubrí que tenía cientos de documentos de Word desparramados por mi disco duro, con distintas escenas e ideas, era muy difícil organizarlos”, explica. Así nació esa interfaz, que permite fragmentar el texto principal en capítulos y escenas en los que trabajar por separado, para unirlos automáticamente al final. En la pantalla hay, además, un navegador desde el que acceder de forma fácil y rápida a imágenes, archivos PDF u otros documentos donde se hayan hecho anotaciones.

Para los nostálgicos de la máquina de escribir existe WriteRoom, que se promociona en su página web como “escritura sin distracciones”.
Se trata de una pantalla negra sobre la que escribir en letras verdes. Nada de cajas o paletas de formato. Sencillez pura. Se vende por unos 16 euros en su versión para Mac, aunque la página norteamericana they.misled.us ofrece una versión gratuita para Windows.

Google también ha penetrado en el negocio. Así, Docs es un procesador gratuito y que guarda los textos en Internet. El límite de almacenamiento es de 5.000 documentos por usuario. Desde el año pasado ofrece un servicio offline para trabajar sin conexión a la Red.

IBM, por su parte, ofrece su propio procesador gratuito en el entorno de aplicaciones Lotus Symphony, junto con programas de creación de tablas y presentaciones gráficas.

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Por qué los chicos escriben tan poco y mal, Nemirovsky dixit

12 Diciembre 2009 · Dejar un comentario

«Si el niño no está en un contexto en el que se lee, difícilmente podrá leer con soltura. El primer paso no debería ser la enseñanza de las letras o las sílabas, sino la interactuación con textos».

Nemirovski viene del constructivismo, corriente que afirma que, para aprender en condiciones, el sujeto debe establecer acciones en relación a la materia que aprende. O sea, para que un niño aprenda a leer y a escribir , debe tener contacto desde su tierna infancia con soportes literarios: desde una novela a un periódico.

Aunque no sepa leer ni escribir, debería saber en qué consiste un periódico y qué se va encontrar en él, o cómo es un recetario de cocina. En definitiva, que comience a diferenciar los diversos textos que son cotidianos en su casa».

Para lograr este objetivo, la formadora e investigadora pide que las bibliotecas, tanto escolares como municipales, se conviertan en remedos del hogar. «Los niños necesitan interactuar con diversidad de textos y la responsabilidad de los docentes es convertir la cotidianeidad del hogar en una actividad escolar», explicó Myriam Nemirovski.

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Solo podés escribir ficción si tenés tu lado oscuro

12 Diciembre 2009 · Dejar un comentario

En ello coincidieron dos eternos candidatos al Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa y el italiano Claudio Magris.
Entre otras cosas, reflexionaron sobre la construcción del tiempo en la literatura, mucho más compleja de lo que parece, y Magris comparó la labor del escritor, cuando trata de recomponer el fragmentario tiempo contemporáneo, con el hilo de Ariadna, el que servía para conducir a Teseo a la puerta del laberinto tejido por el Minotauro.
Vargas Llosa recordó que el tiempo literario, incluso en las obras clásicas, es siempre un artificio, pero “nunca arbitrario, sino necesario para la construcción del relato”, y se mostró convencido de que muchas obras de ficción triunfan o fracasan por el buen o mal manejo de las sutilezas de la construcción temporal.
Subyugados por la figura de Ulises, los dos escritores pusieron de relieve no solo al Ulises-aventurero que todos los lectores sueñan con ser, sino también al Ulises-narrador que al regreso a Ítaca cuenta sus peripecias a Penélope y desliza exageraciones o incluso mentiras, es decir, una actitud por excelencia literaria.

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Un poco de reflexión, nunca viene mal

12 Diciembre 2009 · Dejar un comentario

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Un texto de Martin Zariello

2 Diciembre 2009 · 3 comentarios

Basta, por favor, de mirar a cámara, de vivir en pose, de ser careta.

No se preocupen de más por las cosas que tienen botones.

Córtenla con la recurrencia de autoproclamarse, denominarse, encasillarse cuando ni siquiera saben quiénes son.

Basta de hablar de sí mismos.

Todos se convirtieron en abominables máquinas del Yo.

Escuchen a alguien que tenga un corazón y sentimientos.

Es falso que eso no existe y nos debe causar gracia.

Es una mentira de la publicidad y de los licenciados en marketing y de la música horrible a todo volumen y del miedo a ser cursis.

Siéntanse identificados con el otro, reconózcanse.

Y probablemente sólo así sepan de qué están hechos y quiénes son y adónde van.

Y si no lo saben no importa porque tendrán a otro que está en la misma.

Y no todo se explica, hay cosas que se demuestran.

Y terminen con el onanismo soberbio de esta era impresentable donde vale más una imagen que una puta idea.

Y luchen contra su ego y el egoísmo.

Y el monólogo de sus mentes que les impide hacer y ser lo que en verdad quieren.

Y no se burlen de quienes están enamorados, de los que sufren, de los que están solos, de los que aún acompañados por miles no tienen a nadie.

Y que se termine ya mismo la obsesión imperdonable de capturar momentos que le roban la esencia a cualquier instante de mínima belleza.

Se convirtieron todos en policías.

Mi generación es conservadora, es fascista.

Y la anterior y la que viene, para variar, también.

Y dejen de creer que todo tiene que estar a un link de distancia y ser rápido y simple.

Las cosas son lentas, complejas.

En algunos casos, mortalmente aburridas.

Y tengan memoria, porque mirar hacia delante porque sí no tiene sentido, es triste y es deplorable.

Y contraproducente, en cualquier momento te explota en la cara algo que barriste bajo la alfombra.

Y basta de subestimar el poder de la verdadera poesía, de la pintura, de la música.

Y por favor basta de desconfiar de todo y de todos.

Y basta de ser formateados por carreras, personas, instituciones hasta el punto de no poder disfrutar de un segundo de libertad.

Y dejen de prestarle atención al envoltorio, por una vez vean lo que hay adentro.

Y basta de ser cínicos porque está de moda no creer en nada.

Como si eso fuera un orgullo.

Como si eso no fuera una vergüenza.

Y basta de vivir a través de pantallas.

Y córtenla con el concepto actual de belleza, de estética.

Inventen otro porque éste es vomitivo y enloquece a las personas.

Y no den más de cien pasos para lo que puedan hacer en uno.

Y no quieren hacer en un paso lo que se tiene que hacer en cien.

Porque hay lapsos cortos y otros interminables y cada uno sabe cuál es la etapa que le toca pasar.

Y es al revés: siempre que se pueda, hay que ser bueno.

Y si no hay posibilidad, recién ahí ser malo.

Pero antes de serlo, intentar ser bueno, porque la maldad, además de estar de moda, es una idiotez.

¿Para qué sirve la maldad? Para nada.

Vivimos en la era de la pérdida del sentido, de la pérdida del afecto, de la pérdida de los vínculos.

Los que te hablan escriben mensajes de texto, pasan canales con el control remoto.

La era de las miradas perdidas, de las frases dichas al viento.

Hay más horas para mirarse al espejo que para leer un libro o ver una película o escuchar una canción.

Y no siempre el aire debe estar contaminado con palabras, a veces hace falta callarse.

Ahora mismo dos personas solas en un lugar cualquiera no soportan el silencio durante más de un minuto, están convencidas de que eso es indefectiblemente una de las formas del tedio y no un modo de conocer al otro.

Y es mejor tocar una piel que un plástico.

Porque al fin de cuentas lo único que importa es el amor.

O la falta o la pérdida o la búsqueda de éste.

Y todo lo demás se esfuma.

Y dejen de preocuparse por lo que dicen, por lo que dirán.

Es irrespirable esta dictadura de las apariencias donde parecer es norma.

Tal vez siempre fue así.

Se ansía la fama, el estrellato.

Nada de concentración, nada de trabajo, nada de ingenio.

Todo esto no se puede cambiar, pero merece ser dicho.

Muchas gracias.
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