Si el no saber leer y escribir califican a una persona de ciudadano de segunda clase podríamos pensar que en la actualidad estas actividades nos ponen en una encrucijada que más que encrucijada se vuelve contradicción. Por un lado nos sobran elementos para probar que los alumnos en nuestras escuelas no leen ni escriben bien, pero a la vez, sabemos que nunca tanto como hoy, los niños y adolescentes hacen uso de las mismas con una frecuencia inusitada a punto tal que no es casual encontrar a un alumno en clase enviando mensajes de texto por medio de su celular a alguien, en otro lugar, que sin duda alguna lo “lee” y “responde escribiendo”; o sea que la comunicación por medio de la escritura va tomando nuevos matices, o podríamos hablar de un nuevo tipo de comunicación epistolar.
Según Platón (en el Fedro) Theut, o Hermes, el supuesto inventor de la escritura presenta su invento al faraón Thamus, alabando la nueva técnica que permitirá a los humanos recordar lo que de otro modo olvidarían. -“Mi habilidoso Theut, dijo el faraón, la memoria es un gran don que necesita mantenerse vivo entrenándolo continuamente. Con vuestro invento, la gente ya no se verá obligada a entrenar la memoria. Recordarán las cosas no debido a un esfuerzo interno sino gracias simplemente a algo externo”. Este hecho pone de manifiesto dos cosas. Por un lado que la escritura es un invento tecnológico y por otro que la escritura sirve también para entrenar la memoria no la narcotiza.
Esta anécdota nos sirve para repensar la importancia que reviste la misma en la vida de los seres humanos. Es cierto que las nuevas tecnologías están volviendo obsoletos muchos tipos de escritos como las enciclopedias y los manuales; pero la escritura, y por consiguiente la lectura, seguirán siendo indispensables para cualquier circunstancia en que uno deba no solo dar o recibir información, sino también especular y reflexionar sobre ella.
La escuela del siglo XX, y si se quiere toda “la escuela moderna”, tenía de alguna manera un proyecto claro que pretendía alfabetizar para que de esa manera la gente pueda tener acceso al “conocimiento” el cual le iba a permitir el ingreso en el sistema productivo. Posteriormente con el fracaso del proyecto moderno hemos visto como no siempre este acceso al conocimiento garantizaba el ingreso a dicho sistema y obviamente estos postulados entraron en crisis provocando un progresivo vaciamiento de contenidos y en todo esto queda poco claro a los alumnos, padres, sociedad en general y a la escuela también, para qué sirven el leer y escribir.
JOSE NESTOR MEVORAS, en EDUCAR



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